Hace
unos días hubiese cumplido años el que para muchos es el rey del
soul: Sam Cooke. Vocalista, compositor y fundador de su propia
discográfica, tuvo gran influencia en el devenir de la música
popular y en importantes artistas del género como Otis Redding o
Marvin Gaye, entre otros, llegando también a sentar las bases de lo
que sería conocido como el sonido Motown.
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Álbum homónimo de debut |
En
1956 se lanza en solitario, primero con el nombre de Dale Cook,
aunque poco después adopta el de Sam Cooke y consigue triunfar con
You send me,
una balada rhythm and blues que el 2 de diciembre de 1957 desbancaría
del número uno de las listas de pop estadounidense a Elvis Presley y
su Jailhouse rock. En
la primera mitad de los 60 llegarían sus mayores éxitos
comerciales, como el famosísimo Wonderful world, que escribiría
junto a Lou Adler y Herb Alpert.
Una
de sus últimas composiciones fue A change is gonna come,
publicada en enero de 1964. Elegante tema con arreglos orquestales en
el que el intérprete anhelaba la llegada de un cambio en su vida.
Por extensión y en un sentido social, el tema se podía entender
como una reivindicación por la igualdad de la comunidad negra. La
canción se convirtió en un gran éxito tras su fallecimiento,
despertando el espíritu de Martin Luther King y el movimiento en
favor de los derechos civiles en Estados Unidos por los que se
llevaban varios años luchando. Casi 45 años después, Barack Obama
citó el título de la canción al salir vencedor de sus primeras
elecciones a la presidencia, en las que se convirtió en el primer
dirigente afroamericano de la Casa Blanca.
Fue
un turbio suceso que no está del todo esclarecido, ya que sólo
existen las versiones de la afectada y la homicida. La
fama, una vida algo descontrolada y el ritmo frenético de su carrera
llevaban tiempo alejando a nuestro protagonista de sus buenas
costumbres y de la fe que profesaba.
Aunque
estaba casado con su novia del instituto, la noche del 11 de
diciembre de 1964 en una fiesta en Los Ángeles, Cooke conoció a
una joven de origen asiático de 22 años, Elisa Boyer, y se fueron
al motel Hacienda.
Lo que pasó después, en mi humilde opinión, son meras conjeturas
al no poderse contrastar los hechos a la vista de las declaraciones
allí vertidas.
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Sam Cooke en el estudio |
Durante
el juicio, Boyer testificó que Cooke le secuestró en vez de
llevarla a casa y se dirigieron hasta el motel. Allí, según su
versión, le arrancó la ropa e intentó violarla. Después huyó
mientras él estaba en el lavabo.
Sam,
enfurecido, intentando localizarla por las dependencias del
establecimiento, supuestamente borracho y semidesnudo, entró en la
oficina de la recepción, donde se encontraba la gerente, Bertha
Franklin. En un forcejeo, recibió tres disparos de ésta, que
declaró haberlo hecho en defensa propia tras asustarse y recibir
amenazas, confirmando que Cooke quería abusar sexualmente de Elisa
Boyer. Sus últimas palabras fueron: “Lady, you shoot me”,
quedando sentado en el suelo, apoyado en la pared. Samuel Cook
fallecía con tan solo 33 años.
El
veredicto, rápidamente emitido, la absolvió por homicidio
justificado. No había más testigos ni se admitió otra versión. En
aquellos años en U.S.A. el caso no admitía dudas: Sam era negro,
famoso, rico y defensor de los derechos de los más desfavorecidos;
no estaba muy bien visto que un afroamericano tuviera éxito y
levantara la voz ante las injusticias.
Artículo publicado originalmente en la web de Papel de Periódico el 7 de febrero de 2013.
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