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jueves, 15 de noviembre de 2018

La protesta antibelicista en pijama de John Lennon y Yoko Ono

El 20 de marzo de 1969, John Lennon y Yoko Ono contraían matrimonio en Gibraltar. Aprovechando el tirón mediático, decidieron pasar su luna de miel metidos en la cama de la habitación 902 del hotel Hilton de Ámsterdam como protesta por la Guerra de Vietnam. Una performance pacífica para concienciar a la sociedad que intentaron repetir un poco más tarde en Nueva York, pero que se truncó porque a Lennon le impedían entrar en el país debido a sus antecedentes por consumo y posesión de drogas.

© Bruno Vagnini
Así que se dirigieron a las Bahamas y pernoctaron en el hotel Sheraton Oceanus. Después de una jornada de calor sofocante, optaron por abandonar el establecimiento y continuar su acción por la paz en el hotel Fairmont The Queen Elizabeth de Montreal (Canadá) durante una semana, del 26 de mayo al 1 de junio del 69. Allí, al igual que en la capital de los Países Bajos, recibían a los periodistas y a todos los curiosos a los que se les permitió la entrada. Un estudiante de fotografía de 19 años, Bruno Vagnini, consiguió acceder con un pase de prensa a la estancia en la que se alojaban John y Yoko y los inmortalizó con su cámara Nikon recién comprada.

Ahora La Térmica, el centro de creación contemporánea de la Diputación de Málaga, permite revivir ese histórico momento con la exposición John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742 que, por primera vez en España, presenta las instantáneas tomadas por Vagnini el último día del ‘bed-in’ de Lennon y Ono en la ciudad canadiense.

© Bruno Vagnini
La muestra, organizada junto a Contemporánea, está dividida en tres apartados. En el primero, unas vitrinas exhiben distintas creaciones, objetos y documentos personales de ambos artistas. Por ejemplo, discos como Wedding album (Apple, 1969) -que incluye amplio material relacionado con el motivo principal de la exposición-, Unfinished music n.1: Two virgins (Apple, 1968) o Unfinished music n.2: Life with the lions (1969) y Electronic sound (1969) de George Harrison, los dos trabajos publicados por el sello Zapple, una subsidiaria de Apple de corta vida y con vocación experimental. También se pueden contemplar las ediciones originales de dos libros de John Lennon, In his own write (1964) y A spaniard in the works (1965), la acreditación de prensa de Bruno Vagnini, así como una pantalla en la que se emiten piezas audiovisuales de John y Yoko con, entre otros, el documental Bed peace, grabado en esa fecha, o un concierto de la Plastic Ono Band en un festival de Toronto filmado por D. A. Pennebaker. Todo ello completado con un primer bloque de siete fotografías de Andrew MacLear.

La segunda parte está ocupada por la serie de 26 instantáneas de Vagnini captadas en la suite, mientras que la tercera recrea de algún modo la esencia de aquel habitáculo con el montaje de una blanca e inmaculada cama de matrimonio, coronada por carteles con la inscripción ‘War is over!’, y sobre la que se proyecta el vídeo de Give peace a chance, canción que surgió y se grabó durante este ‘happening’.


Según cuenta Bruno Vagnini, fue la Academia de Bellas Artes de Montreal, donde cursaba sus estudios, quien le proporcionó la acreditación y, junto a un amigo, acudió al lugar del evento. Sin embargo, no estaba muy seguro de que le autorizaran fotografiar a la pareja, por eso, su equipo constaba únicamente de su cámara y un carrete de 36.

Ese día, el número de policías no era tan masivo. No obstante, sí encontraron un agente delante del ascensor, por lo que determinaron subir por las escaleras los diecisiete pisos hasta llegar a la habitación. Una vez allí, llamó a la puerta y les recibió el manager. Les invitó a pasar a la antesala y les dijo que aguardaran un instante. Durante la espera, y para dejar constancia de su presencia, aún desconfiado con la posibilidad de tomar imágenes de John y Yoko, retrató a la hija de ésta, Kyoko.

Bruno Vagnini junto a sus fotografías.
En una de ellas, Lennon le firma su cuaderno.
Foto: Gilberto Márquez.
Su sorpresa fue máxima cuando volvió el representante y les animó a entrar en la estancia. Era enorme, muy luminosa, pintada de blanco, con folletos y discos esparcidos por todos lados y las paredes repletas de eslóganes contra la guerra, sobre el amor y la paz, pegados con cintas adhesivas. Bajo un gran ventanal, sobre cuyos marcos se apoyaban libros, una taza de café, floreros y un osito de peluche, se situaba el lecho en el que yacían John Lennon y Yoko Ono tranquilamente y con mucha naturalidad, en pijama, respondiendo a las preguntas de unos jóvenes.

De esta manera, Vagnini realizó aquellas 26 famosas fotografías, aunque posteriormente no quedara demasiado satisfecho con el resultado. La posición en la que estaba la pareja, delante de la ventana, a contraluz, hicieron más difícil la ejecución de las mismas. Mas él sólo era una estudiante, ni se ganaba ni se ha ganado la vida con este arte, y tenía que compartir su afición con el trabajo de camarero en un restaurante o de diseñador gráfico en una entidad bancaria. Lo que no podía imaginar es que sus instantáneas iban a ser tan trascendentales. Había documentado un significativo acontecimiento, con el que John y Yoko incitaban a reflexionar sobre los conceptos de identidad, privacidad y espacio, desmontando prejuicios, pero sin perder de vista el objetivo primordial: un alegato pacifista que llamara la atención para acabar con las guerras. John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742 recopila las imágenes de una reivindicación con alto contenido artístico y puede disfrutarse en La Térmica hasta el 16 de mayo.



John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742.
Hasta el 16 de mayo de 2015.
La Térmica. Avd. de Los Guindos, 48. Málaga.
Horario: Martes a sábado: 11 a 14 y 17 a 21 hrs.
Domingos y festivos: 12 a 19’30 hrs.



Artículo publicado originalmente en la web de Papel de Periódico el 3 de febrero de 2015.

Sex Pistols: la fuerza del punk en imágenes


Existe controversia entre quienes opinan que Sex Pistols fue un producto comercial inventado por un astuto empresario para lucrarse y los que defienden que se trató de un proyecto en el que unos jóvenes, aún sin tener la destreza necesaria, demostraron con osadía y creatividad que se podía formar una banda, hacer rock y romper con las normas preestablecidas de la industria musical. Entre, si detrás del advenimiento del punk había una base ideológica fundamentada en el Situacionismo o, si por el contrario, las circunstancias desfavorables para la juventud británica de mediados de los 70 -desempleo, huelgas, desalentadoras expectativas- fueron realmente las que provocaron el nacimiento de este movimiento contracultural.

Foto: Gilberto Márquez
Menos debate suscita que, con una breve trayectoria, Sex Pistols se haya convertido en una de las formaciones más influyentes de la historia de la música y en el estandarte de esa corriente estilística que no sólo abarcaría grupos, discos y canciones. Ya que, por ejemplo, entre la cultura punk y la moda existe una íntima vinculación. Este es uno de los aspectos fundamentales que centran la exposición ‘From sex to punk. Vivienne Westwood, Malcolm McLaren y Sex Pistols’ que por primera vez se presenta en España y que acoge La Térmica, centro de creación contemporánea de la Diputación de Málaga.

Una selección de medio centenar de fotografías, la mayoría realizadas por John Tiberi, quien fuese representante de The 101’ers –banda de Joe Strummer anterior a The Clash- y posteriormente responsable de producción de las giras de Sex Pistols. Con ellas pretende descifrar el universo que rodeaba a la banda, con imágenes promocionales, de viajes y conciertos, pero también de la vida cotidiana de sus integrantes, así como de un establecimiento de especial importancia para el desarrollo del punk: la boutique Sex.

La tienda, ubicada en el 430 de King’s Road de Londres, estaba regentada desde 1971 por Malcolm McLaren y Vivienne Westwood. Él, manager e ideólogo de Sex Pistols, y ella, una de las modistas más afamadas de las últimas décadas. Aunque con distintos nombres –Let it rock; Too fast to live, too young to die-, será a partir de 1974 cuando pase a denominarse Sex y se transforme en punto de encuentro para futuros referentes musicales como Siouxsie Sioux o Adam Ant o cuente con empleados ilustres como Chrissie Hynde de The Pretenders o el que sería bajista de nuestros protagonistas, Glen Matlock.

Sid Vicious y John Lydon. Berlín, 1977. © John Tiberi.
Asiduos de Sex eran, asimismo, los componentes de The Strand, grupo del guitarrista Steve Jones y el batería Paul Cook. McLaren y Westwood intuían que aquello que se estaba empezando a gestar no sólo podía inspirarles para sus prendas. Él se interesó en dirigirlos y, tras volver de un viaje de algunos meses por Nueva York, donde trabajó con New York Dolls y se empapó del glam, del garage rock y de la música de Iggy Pop and The Stooges o Ramones, se dedicó aún más a ese cometido con el objetivo de inculcarles lo que había conocido en Estados Unidos.

Los rebautizó como Sex Pistols y en agosto de 1975 a Jones, Cook y Matlock se les unió de vocalista un extravagante chaval de 19 años habitual de la zona. En la prueba, ataviado con una camiseta de Pink Floyd a la que había pintado “odio a” y con el pelo tintado de verde, John Lydon, al que McLaren apodó Johnny Rotten, interpretó en playback I’m eighteen de Alice Cooper mientras sonaba en la jukebox del mítico comercio. Su carisma cautivó más que su pericia frente al micro.

Las obras de Tiberi reflejan la actitud canalla y desafiante de una banda que habitó instalada en el escándalo. Sonado fue el altercado en el programa de televisión Today con el presentador Bill Grundy en diciembre de 1976. A última hora, Queen no pudieron acudir y fueron sustituidos por los miembros de Sex Pistols, que en la entrevista soltaron todos los insultos y barbaridades que les dio tiempo. Quejas de la audiencia, Grundy despedido y los tabloides abriendo al día siguiente con titulares al estilo del célebre ‘The filth and the fury’ (‘La mugre y la furia’). Una inmejorable publicidad para situarse en el centro de la opinión pública del país.


Cuando ocurrió este incidente ya estaba en la calle su single de debut, Anarchy in the UK, con una portada impactante, totalmente negra y sin palabra alguna. De esta manera iniciaban una serie de composiciones polémicas que abrazaban la crítica social y la sátira política para indignación de las mentes más conservadoras. Como God save the Queen, editada coincidiendo con el 25 aniversario de la llegada al trono de Isabel II y que, el mismo día del acto, intentaron tocar en un barco sobre el río Támesis, cerca del Palacio de Westminster. Pero el experimento acabó con peleas, disturbios y detenciones. Incluso se le vetó el nº1 de las listas en una extraña maniobra para no herir sensibilidades; puesto en el que aparecía I don’t want to talk about it de Rod Stewart (21 mayo 1977).

God save the Queen, 1977. © Jamie Reid.
Además, en la muestra organizada por La Térmica junto a Contemporánea, encontramos piezas de Jamie Reid, compañero de McLaren en la Escuela de Arte de Croydon (Londres). Diseñador de la llamativa iconografía de la banda, realizó la cubierta de su único álbum, Never mind the bollocks, here’s the Sex Pistols (Virgin, octubre 1977) o la tipografía sobre el famoso retrato de la Reina de Inglaterra. La técnica de recortar letras de periódicos y/o revistas y pegarlas formando un texto fue originada por Helen Wellington-Lloyd con los carteles que hacía para Sex y las actuaciones del grupo; una de las principales expresiones del ‘do it yourself’ (‘hazlo tú mismo’).

El LP sufriría la censura de las emisoras de radio y las tiendas de discos, algunas de las cuales, lo comercializaron camuflando su portada por contener la palabra ‘bollocks’ (‘cojones’). Pero todo esto no hacía más que acrecentar una popularidad que ya había subido enteros desde primeros del 77 con el reemplazo de Matlock por Sid Vicious, que echaría más gasolina a la incendiaria carrera de Sex Pistols.

No menos traumática fue la relación con las discográficas -tres en poco más de dos años-, que pagaron considerables cantidades de libras por conseguir sus contratos y harían lo propio para rescindirlos. Sin embargo, lo que llamaba poderosamente la atención eran sus apariciones en directo. Siempre acompañados por sus seguidores, el ‘Bromley contingent’, con su característica impronta: ropa rota, imperdibles, cremalleras y bailando el 'pogo'. En un escaso periodo de tiempo, llegaron a presentarse en locales relevantes como el Marquee o el 100 Club, donde Tiberi quedó tan fascinado de ellos que le planteó a McLaren su incorporación como tour manager.

Sex Pistols en la Puerta de Brandeburgo, Berlín, 1977.
© John Tiberi
Sus recitales eran caóticos, provocadores y tumultuosos, como los que tuvieron lugar en la gira por U.S.A. que, sin preverlo, sería la de la disolución de la banda, en enero de 1978. Tensiones internas, problemas con los visados, cancelaciones, trifulcas con espectadores… hasta que Johnny Rotten, dirigiéndose al público del Winterland Ballroom de San Francisco (California), pronunció aquello de “¿alguna vez os habéis sentido engañados?”.

From Sex to punk’ se completa con instantáneas de Barry Plummer, imágenes de la película The great rock ‘n’ roll swindle (1980), filmada por Julien Temple con dirección fotográfica de Tiberi; diferentes vídeos y documentales y una banda sonora creada para la ocasión por Paul Cook. Ésta incluye temas de los discos que sonaban en Sex y algunos de los que precedían a los conciertos de Sex Pistols, entre los que se encuentran artistas como Flamin’ Groovies, Screamin’Jay Hawkins o The Troggs, y que se estrenó durante la inauguración de una exposición a la que acudieron, entre otros, John Tiberi para ofrecer una charla sobre aquella época, y Silvia Superstar, que obsequió al respetable una sesión musical a los platos.


From sex to punk. Vivienne Westwood, Malcolm McLaren y Sex Pistols.
Hasta el 9 de enero de 2015.
La Térmica. Avd. de Los Guindos, 48. Málaga.
Horario: Martes a sábado: 11 a 14 y 17 a 21 hrs.
Domingos y festivos: 12 a 19’30 hrs.


Artículo publicado originalmente en la web de Papel de Periódico el 7 de noviembre de 2014.

martes, 30 de octubre de 2018

David Bowie a través del objetivo de Brian Duffy


El centro de creación contemporánea de la Diputación de Málaga, La Térmica, que en poco más de un año se ha convertido en un referente cultural de la provincia, acoge la exposición Bowie Series, una selección de más de treinta fotografías que Brian Duffy realizó durante la década de los 70 al músico británico e icono de la música popular, David Bowie.

Brian Duffy (1933-2010) es reconocido como uno de los artistas gráficos más innovadores del pasado siglo, que llegó a definir una nueva estética en la fotografía para la moda y que capturó, junto a otros compañeros, el ambiente de modernidad del ‘Swinging London’, término relacionado con la revolución en la escena de la moda y la cultura que surgió en la capital inglesa en los años 60. Inmortalizó a muchos personajes relevantes de su época, que se reflejaron en excelentes trabajos para diversos géneros de dicha disciplina como retratos, reportajes o anuncios publicitarios. Ante su cámara posaron, entre otros, estrellas del cine y del rock como Mick Jagger, John Lennon o Debbie Harry de Blondie, pero fue con David Bowie con quien mantuvo una relación laboral más especial y duradera.

© Duffy Archive
No obstante, en 1979, decepcionado y cansado de la profesión, Duffy decidió retirarse y, en un ataque de rabia, quemó la mayoría de sus negativos, librándose sólo unos pocos de la desaparición. Es por ello que esta colección única, organizada junto a Contemporánea, no habría sido posible sin la inestimable contribución del hijo de Duffy, el también fotógrafo Chris Duffy, quien ha recuperado muchas de las imágenes que fueron publicadas en revistas y prensa, en su incansable labor de búsqueda y recopilación que lleva a cabo para el Archivo Duffy, creado en 2007, con el que lucha por mantener vivo el espíritu y el legado de su padre.

Durante la inauguración de la muestra, tanto Chris Duffy como Kevin Cann, biógrafo de Bowie, narraron algunas de las experiencias de aquellos casi diez años que duró la colaboración entre ambos genios, que se materializaron en cinco sesiones fotográficas de las que se pueden disfrutar interesantes obras en La Térmica y de cuyas historias y curiosidades pretenden publicar próximamente un libro.

Chris Duffy y Kevin Cann durante la inauguración.
Foto: Gilberto Márquez.
Esa colaboración comenzó en 1972, cuando el manager del músico de Brixton, Tony Defries, le encargó a Duffy unas fotos promocionales de un nuevo artista que estaba representando. De esta forma, registraba una de las primitivas imágenes de Bowie ataviado con ese extravagante mono diseñado por Freddie Burretti, con el que presentaba en sociedad a Ziggy Stardust, su álter ego con impactante pelo rojizo y puntiagudo y de llamativa ambigüedad sexual.

Defries estaba dispuesto a convertir a Bowie en una superestrella y no iba a escatimar gastos en conseguirlo. Para el siguiente disco, Aladdin sane (RCA Victor, 1973), le pidió a Duffy que creara la portada más cara que jamás se hubiese producido. Pensaba que si la compañía discográfica invertía mucho dinero en Bowie, su compromiso con ellos estaría asegurado y las posibilidades de éxito crecerían. También conocida como ‘la Mona Lisa del pop’, la cubierta de este LP ha trascendido como una de las más simbólicas de la carrera de Bowie, con un retrato en el que aparece dirigiendo su mirada hacia abajo, con un extraño líquido que se desliza por su hombro y con ese impresionante rayo rojo que divide su cara en dos. Posiblemente con influencias de la tapa de la novela de Evelyn Waugh, Vile bodies (1930), las colecciones del modisto japonés Kansai Yamamoto y del kabuki -Forma de teatro japonés tradicional, caracterizado por su drama estilizado y el uso de maquillajes elaborados en los actores-, Pierre La Roche se encargó del diseño y maquillaje de esa figura, que distintos aerógrafos terminaron de dar forma tal y como la conocemos hoy.


Esta sería la primera de las tres portadas de álbumes de Bowie que crearía Duffy. Después llegaron las sesiones para Lodger (RCA Victor, 1979) y Scary monsters (RCA Victor, 1980), disco este último, del que se pueden contemplar en la exposición algunas instantáneas privadas de las pruebas de maquillaje para la cubierta, que se publicó con el cuadro pintado por Edward Bell basado en una fotografía de Duffy.

También se pueden ver los trabajos que realizó Duffy con Bowie para The Sunday Times en el monumento nacional de White Sands, en Nuevo México. Se trata de una serie de imágenes adicionales del rodaje de la película dirigida por Nicolas Roeg, The man who fell to Earth (1976), que protagonizó el músico inglés.

Además de descartes de Scary monsters o tomas alternativas para Aladdin sane, en esta antología que se exhibe en La Térmica se muestran retratos hasta ahora desconocidos, como los de La Roche o del guitarrista Mick Ronson y el bajista Trevor Bolder, miembros ambos de la banda The spiders from Mars; y otros materiales audiovisuales como el documental que la cadena BBC estrenó sobre Duffy antes de su fallecimiento, The man who shot the sixties (2010), en el que el fotógrafo repasa su trayectoria.

Duffy: Bowie Series
Hasta el 23 de marzo de 2014
La Térmica. Avd. de Los Guindos, 48. Málaga
Horario: Martes a sábado: 11 a 14 y 17 a 21 hrs.
Domingos y festivos: 12 a 15 y 16 a 19’30 hrs.

Artículo publicado originalmente en la web de Papel de Periódico el 20 de febrero de 2014.