Sólo
por el cuidado formato en el que viene presentado el primer álbum de
Néctar
-el último proyecto en el que participó Germán
Coppini-, resulta más que
apetecible: un LP naranja de 180 gr., acompañado de un CD cuya
‘galleta’ simula los microsurcos de un vinilo y que contiene
todas las canciones más dos temas extra; además de un libreto con
las letras, fotografías de Miguel Ángel Sánchez, Beni García y
Gonzalo Fernández –autor de la imagen de la portada-, y textos de
los componentes del grupo, Elvira Reig –esposa de Germán-, Antonio
Marín Albalate y Pablo Lacárcel, director del sello que publica el
disco, Lemuria Music.
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Foto: lemuriamusic.com |
Pero
lo más interesante, sin duda, es su música. Un álbum de rock, en
la acepción más clásica del género que, aún sonando fresco y
actual, tiene marcadas reminiscencias de los años 80 y 90, a la vez
que coquetea con diversos estilos musicales.
Grabado
en los Estudios Ática
de Málaga, algunos de sus doce cortes son auténticos pildorazos
repletos de energía, como Tiempo
de perder, en la que, entre
los potentes riffs de guitarra de Sergio
Muela y el bajo
martilleante de Juan Tomás,
hay lugar para desprenderse de la rabia contenida por la hipocresía
de la sociedad, “Con tanto fantasma suelto / no queda espacio para
respirar”; una pieza que, asimismo, cuenta con una versión
extendida en el CD. Siguiendo esta estela se sitúa Desde
tu ventana, que refleja la
atracción por esa mujer casi inalcanzable, o Jugando
al invitado, con un
comienzo inquietante y atmosférico que recuerda a las típicas
composiciones de la corriente post punk, construida a base de
teclados y percusión, y que continúa con elegantes variaciones de
ritmos para desembocar, antes de la estrofa final, en un pasaje
instrumental realmente trepidante.
Aunque
también se suceden momentos más sosegados, como en Sin
corazón, con un inicio que
nos transporta a la tradición del rock sureño, Con
la música a otra parte,
Desnudos al sol
o Ninguna señal,
donde las guitarras, y la batería de Antonio
Sierra, escoltan a un
Coppini con una voz muy versátil, amoldándose perfectamente a la
melodía. Ésta será una constante en todo el disco. No obstante, el
propio Germán manifestaba que estaba en su mejor momento vocal, algo
que podemos corroborar en cuanto la aguja del plato reproductor
empieza a deslizarse por los surcos del 12”.
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Foto: Miguel Ángel Sánchez |
Los
miembros de Néctar siempre se han declarado grandes admiradores de
las creaciones musicales de Coppini. Así que, no es de extrañar que
esta influencia esté muy presente en el álbum. Por eso, muchos de
estos temas nos traen a la memoria trabajos de su trayectoria en
solitario como América
herida (Lemuria, 2013) o Carabás (Nuevos Medios, 1996),
o de cualquiera de los de Golpes Bajos. Por ejemplo, La
noche, con ese tenue
teclado a cargo de Andrés
González, de subyugantes
notas, recupera ese halo de misterio que evoca Devocionario (Nuevos Medios, 1985).
Una composición desgarradora que simboliza un ambiente pesado y
etéreo hasta que entran en escena los arreglos y distorsiones al más
puro estilo del grunge de Seattle.
Bien
es cierto que la mayoría de las canciones están interpretadas por
Germán Coppini, sin embargo, tres de ellas corren a cargo de Andrés,
quien demuestra sus habilidades vocales en Rebelde
sin fe, Invadidos
–un corte reivindicativo y de protesta con aires de blues- y en una
toma alternativa de Desnudos
al sol, incluido como bonus track.
El
debut discográfico de Néctar
cuenta con una magnífica producción, que se traduce en un
espléndido sonido, y unas ingeniosas letras que no le van a la zaga.
Muy variadas en cuanto a su temática, resultan muy inspiradas en
Entender,
“Se cuela la noche y empieza a llover / mientras me voy
transformando / en lo que quiero ser. / Hoy se cerró la oficina / me
pierdo en la lluvia / buscando otra piel. / Preso de una doble vida /
camino al revés”; o en la emocionante Pájaros,
“Aposté por la aventura / siete vidas tengo que recuperar. / Solo
supe vivir una / quedan seis para pensar. (…) Tengo la cabeza /
llenita de pájaros / y de vez en cuando / los echo a volar”.
Utilizando
un símil futbolístico, la obra de Néctar se asemeja a la famosa
‘Naranja Mecánica’, aquella selección holandesa que, en la
década de los 70, desplegó un juego preciosista de toque y
constantes cambios de posición de unos jugadores que asumían
indistintamente labores defensivas y ofensivas, acuñándose así el
término ‘Fútbol total’. Y no únicamente por el color del
vinilo, sino por la concepción de la banda como un todo, la
especialización de cada uno en sus parcelas artísticas y la
solidaridad entre ellos que hizo que Germán se sintiera tan
ilusionado con esta nueva aventura.
En
palabras de Lacárcel en el libreto: “(…) por desgracia va a
pasar a la historia de la música por ser el disco póstumo de
Coppini, que no el último (…)”, porque, incansable trabajador,
dejó muchas piezas grabadas que se planean editar en un futuro. Él
ya no estará para darlas a conocer, pero a buen seguro que, mientras
tanto, sus compañeros de formación defenderán y divulgarán con
orgullo las canciones de este álbum.
A
la venta la edición física a través de la web de Lemuria Music y
en Discos Candilejas (Málaga), y en iTunes y Amazon, en digital, que
también pueden escuchar en Spotify.
Artículo publicado originalmente en la web de Papel de Periódico el 22 de agosto de 2014.
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